Sogui Ndiaye: «Mis padres pensaban que había muerto»

Sogui Ndiaye es un joven africano de 17 años que vive en Tenerife. Nació en Gambia, pero como sus padres eran senegaleses terminó viviendo en Mbour, una ciudad de Senegal. Su infancia no fue fácil, desde pequeño tuvo que dejar de estudiar para cuidar a sus hermanos y ayudar en casa. «Cuando tenía 7 años mis padres iban a trabajar siempre, no tenían ningún día libre. Solo podía estar con ellos a la hora de comer y yo tuve que dejar los estudios para cuidar a mis hermanos pequeños», explica Ndiaye.

Puerto pesquero en el distrito de Mbour, desde donde salen la mayoría de los cayucos hacia Canarias.

Sogui pasaba todas las mañanas ayudando a su familia pero, como todavía era muy pequeño, su abuela lo ayudaba por las tardes. Se decía a sí mismo que «no podía pasar todos los días en casa y que tenía que hacer algo». Fue ahí cuando aprovechó que su abuela lo cubría por las tardes para ir a jugar al fútbol.

Desde entonces, aprovechaba los ratos libres que podía para ir a jugar y se enamoró del deporte. Le encantaba su entrenador y lo consideraban uno de los mejores del equipo del barrio. Tanto es así, que un día el equipo pidió reunirse con sus padres para convencerlos de llevarlo a una academia de fútbol famosa en Senegal, de donde salió el internacional Sadio Mané. La decisión fue inviable y no consiguió ir, pero terminó jugando para un equipo cerca de casa. Allí acabó jugando con el 10 y siendo el capitán hasta que cumplió los 14 años.

«Estuvimos 15 días navegando sin comer ni beber»


En ese momento, la situación para Sogui Ndiaye era inestable y sentía que no tenía oportunidades en su país para tener un buen futuro y cumplir su sueño jugando al fútbol. Él mismo se reunió con sus padres con tan solo 14 años para buscar una solución y, aunque su madre no estaba de acuerdo y no conocían las condiciones del viaje, decidieron buscarle una patera. No tenían apenas información de como funcionaba, cantos días iban a pasar en el mar o si era tan peligroso como decían, pero tenían claro que era lo mejor para prosperar como persona y tener buen futuro. Un futuro que, sin decirlo o elegirlo, se había convertido en imposible por haber nacido en un continente con pocas opciones.

Su padre hizo todo lo posible para que llegara a Europa y el día que partió lo hizo a escondidas de su madre, que se negaba a que se fuera.«El mar estaba fatal, estuvimos 15 días navegando sin comer ni beber. Sólo bebíamos el agua salada del mar y no pudimos llegar. Volvimos a mi país y me llevaron directo al hospital porque era el más pequeño de todos», expresa apenado el joven senegalés.

«Fueron los 10 días más duros de mi vida»


Tras eso, sufrió mucho en el hospital y cuando consiguió coger fuerzas regresó a casa. «Vi a mis padre llorando y fue muy duro», cuenta Sogui, que, aunque su viaje había fracasado, quería volver a intentarlo. Dejando a sus padres entre lagrimas volvió a buscar otra patera para cumplir sus sueños. «Fueron los 10 días más duros de mi vida y llegué a España el 27 de octubre de 2020 a los Cristianos. Me recogieron los policías, me enviaron a un hotel y un mes después a un centro», relata.

Empezó a estudiar en la ESO y, aunque no conocía el idioma, se adaptó fácil gracias a Agustín Hernández, un compañero de clase que lo ayudó mucho. Sin embargo, en ese momento, su principal necesidad era volver a contactar con sus padres. Cuando consiguió hablar con ellos, entre llantos, le dijeron que se pensaban que había muerto, pero Sogui les expresó tranquilidad y ganas de luchar por su futuro.

Meses después, mientras jugaba a fútbol con sus compañeros del centro, Adrián, uno de los educadores, se sorprendió al ver su nivel y consiguió que empezara a entrenar con la U.D. Tacoronte. Aún sin documentación, Sogui no pudo jugar ningún partido, pero iba a todos los entrenamientos esperando su momento. Fue ahí cuando, un día entrenando, un técnico del equipo vecino, el Atlético Tacoronte, le llevó a empezar con ellos la pretemporada. «Allí compartí vestuario con muchos otros chicos negros, pero nos trataban mal por no tener documentación. Me sentía fatal y lloraba, pero el centro me ayudo a conseguir los papeles. Mientras tanto, seguíamos entrenado en arena y en los campos cuando estaban libres para estar preparado», cuenta el joven.

Tras casi un año sin jugar, Sogui Ndiaye seguía preparándose para cuendo puediera jugar.

«Todo el mundo gritaba mi nombre, fue uno de los momentos más bonitos»


A partir de ahí, su vida empezó a ir a mejor. Empezó jugando en la U.D. Coromoto donde consiguió jugar unos Play Off de ascenso. «Ese día todo el mundo estaba gritando mi nombre», recuerda Sogui con cariño, «mi sueño es llegar muy lejos en el fútbol y para mi fue uno de los momentos más bonitos de mi vida».

Después de eso, lo fichó el Barranco Hondo gracias a Abraham Martín, su entrenador en Coromoto y, a día de hoy, dirigido por Aythami Díaz pelean junto con el equipo en lo más alto de juvenil provincial. «Ahora mismo soy muy feliz gracias a ellos, me lo han dado todo y estoy todos los días aprendiendo muchisimo», relata emocionado Sogui, «se que juntos vamos a lograr el ascenso»

Ahora, asentado en Tenerife, Sogui Ndiaye se refugia en el fútbol para seguir creciendo como persona. Su mensaje es claro, quiere cumplir la promesa que le hizo a sus padres y tener un buen futuro. Su historia demuestra lucha, valentía y resiliencia, demostrando todo lo que sufrió para conseguir la vida que muchos jovenes africanos desean tener por las dificultades de sus países. «Tengan paciencia, si eres bueno las cosas terminan saliendo bien. Aprovechen y valoren todas las oportunidades. Cree en ti mismo, trabaja y no te rindas, las objetivos terminarán llegando con el tiempo», concluye el joven senegalés a modo de reflexión.


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Publicado por Alexis Vella

Estudiante de periodismo en la Universidad de La Laguna

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